2018: EL RELATO VERÍDICO DEL "CONSPICUO" (Manuel Castillo)

 Mi amigo el “Conspicuo” me lo contó. Desde su versión personal y directa. Lo vio todo. In situ.

¡ Lo vi con mis propios ojos …! decía , porque aquella mañana – o mejor dicho mediodía , estaba yo viendo los partidos en el frontón de Donosti .

Mi amigo el “Conspicuo “ es esa persona que todos los pelotazales conocemos y que va al frontón a disfrutar con la Pelota . Con mayúscula: como a él le gusta. Y también con la apuesta, con el dinero en riesgo.

A veces expone mucho y otras menos, pero siempre cifras de cierta consideración . Yo no sabría distinguir si disfruta más apostando en el juego o viendo jugar con respecto a su postura. Como si pudiera escindirse la emoción que aúna la calidad del partido con el momio solicitado. Me atrevo a decir que el “Conspicuo” es un artista facial en el dominio de sus reacciones . Siempre impertérrito el gesto. Tanto a la hora de cobrar como de pagar al corredor. Siempre me han causado admiración estas personas que tratan el dinero con absoluta indiferencia, aunque “ la procesión va por dentro “, o quizás ni eso. Nunca me atreveré a profanar esa faceta recóndita de mi amigo.

El “Conspicuo” es un hombre maduro educado y tranquilo; en su sitio; hacia la mitad de la cancha; siempre. Nunca increpa ni recrimina al pelotari. Solo aplaude cuando alguna fase del juego le entusiasma. Suele fumarse un puro. Solamente uno, tanto si va a ver remonte como pala o mano. Preferentemente Farias aunque las finales gusta de solemnizarlas con un buen Montecristo de los que le envía desde Cuba un amigo suyo – muy allegado- que también viene por Euskadi tres o cuatro veces al año. Por eso se les ve juntos por el frontón en tales ocasiones. Forman pareja curiosa por que el “Conspicuo” es alto, fuerte-hizo grecorromana cuando estudiaba en Barcelona – de porte reposado y serio. Su “compadre” es pequeño, moreno y vivaracho de gestos y pelo muy canoso. Pura cubanía : jovial y campechano . Siempre compartiendo comentarios y chistes picantes con todo el mundo. ¡pura diversión de mi amigo. No hacemos daño a nadie!. Suele repetir enseñando sus blancos dientes al reírse.

Cuando sucedió lo que yo llamo holocausto-me contaba el “Conspicuo”-mi amigo Jenaro estaba en Cuba. Era una mañana luminosa de Agosto y el frontón Anoeta todavía no estaba pintado de verde, pero todo estaba totalmente acicalado y limpio-sobre todo el blanco impoluto de la cancha-para recibir la visita oficial del Dictador. Esta sería en Domingo y el General llegaría-por motivos de seguridad-en el momento menos pensado a lo largo de los dos partidos de mano por parejas que se iban a disputar…..

Unos días antes.

Maritxu la veterana taquillera –y oficinista-del Anoeta descolgaba el teléfono

¡Dígame!

Preguntaban por Aramburu el gerente del frontón. La voz del otro lado del hilo sonaba seca y autoritaria, con el tono de quien está acostumbrado a mandar. Cuando Aramburu cogió su interlocutor se presentó como jefe de la Dirección de Seguridad . Le dieron orden para atender una cita con el objeto de crear el sistema de protección para la persona de su Excelencia. ¡ Ponga usted todos los medios para no faltar a nuestra entrevista¡. ¡Se podrían adoptar en caso contrario las pertinentes medidas disciplinarias .. ¡ Buenos días ¡. Y colgaron rápidamente.

Aramburu ya conocía cómo se las gastaba aquella gente. Tenía a su hermano-más joven-metido en política, purgando en la prisión de Martutene una condena por “traición a la patria”, ya que lo habían detenido en una reunión ilegal y hablando euskera. ¡ la madre que los parió ! pensó Aramburu para su capote. ¡ que no puedas hablar tu idioma en tu propia casa…tiene cojones ..!

Luego se puso en contacto, por teléfono, con el jefe de la Policía Municipal para coordinar algunos detalles sobre los aparcamientos.

Una semana antes de la final.

Los ocho pelotaris que componían el cartel del Domingo habían recibido una citación personal de la D.G.S. para personarse en un local que para estas actividades tiene el estado y situado en las dependencias del Gobierno Civil del barrio de Amara. A este propósito hay un amplio bar con cómodas sillas y mesas dentro del mismo edificio. En el “amable” texto de la citación se les “invitaba” a una reunión, que sería precedida por un elegido lunch, tras el cual habría un “distendido” coloquio , con algún representante de los aparatos de Seguridad del Estado. Por supuesto –añadía la carta- que no había ninguna duda con respecto al patriotismo “de Vds los pelotaris vascos”, pero las directrices del gobierno de S.E. eran muy estrictas en estas ocasiones y no había otra “ alternativa “ más que la de ajustarse al trámite legal. La misiva se despedía pidiendo corteses- aunque cortantes- excusas por las molestias , pero la oportunidad que tenían de rendir este servicio a la patria y a Su Excelencia el Generalísimo compensaba sobradamente cualquier contrariedad …

Cuando acabó de redactar el contenido del mensaje el jefe de la correspondencia oficial miró a su ayudante con su negro bigotillo recortado bajo sus oscuras gafas fascistas

¡ ya les van a doler las tripas a estos cabrones de vascos cuando lean este mandato… ya !

Y soltaron a la vez una estruendosa carcajada… **** ***** ****

Cuando escribiendo estas líneas el Idealista todavía vivía. Andaría rondando los ochenta y a pesar de todas las vicisitudes , lesiones y descalabros físicos pasados, aún conserva una ostensible salud y robustez corporal envidiables. Todo ello se traduce en sus andares y gestos vivos enérgicos y vitales. De este donaire pasea por las calles donostiarras. Antes del suceso que protagonizó en esta historia, ya había generado otra subiéndose a la torre de una alta iglesia para colocar en la aguja de su aguda cumbre una Ikurriña perseguida y prohibida por aquella época. En plena dictadura franquista. Para el día de la final había comprado una localidad estratégicamente situada para sus planes.

Y llegó el Domingo del relato del “Conspicuo”…

El día de la Final. En la mañana brillante, de Agosto, por la cubierta transparente y por los amplios ventanales del frontón, mas que entrar, bañaba el ambiente una radiante luminosidad. Coincidió el final del primer partido con las doce y el comienzo del Angelus. Siempre lo rezaba D. Fermín, el párroco de San Telmo con su grave voz de barítono coralista en activo, en el propio orfeón de San Telmo. Hizo ponerse de pie al abarrotado aforo al tiempo que todo el mundo se quitaba la txapela.

¡¡ Angelus Domini nucciavit Maria ¡¡

Y la respuesta a la jaculatoria sagrada recorrió en un murmullo respetuoso-tímido-el hábitat del recinto paralizando con un impass silencioso-plagado de transcendencia –la reciente algarabía hecha de voces, gritos, silbidos, aplausos y el recio acento, tenso, de los corredores. Por unos fugaces momentos el rezo ancestral pareció parar el tiempo con el reposado y silente influjo de la oración.

Luego estalló de nuevo la barahúnda, al salir los cuatro finalistas a la cancha. Al lanzar Joshe Mari, el juez central, la moneda para el saque, los corredores de apuestas tuvieron que retirarse . La D.G.S. había hecho adoptar esta medida como una precaución para que las bolas de los momios no fueran usadas como proyectil subversivo. El capitán de la policía secreta contemplaba- desde su localidad disimulada-el estricto cumplimiento de aquella orden, con la cara sería y crispada.

Tocó el saque a los rojos.

Cuando Ansoategi III iba a iniciar la carrerilla el juez central levantó su brazo derecho mandándole parar. Un revuelo en el frontón , seguido de unas voces autoritarias , a través de los altavoces, anunciaba la llegada del Dictador . El público tuvo que ponerse de pie para escuchar el himno nacional al tiempo que algunos tímidos y dispersos aplausos intentaban realzar la solemnidad del momento.

A las 12,15 se reanudaba la final.

Ansoategi III volvió a iniciar la carrerilla y su saque ajustado a la pared izquierda, cruzado, violento y muy arrimado marcó el uno a cero para los colorados. La tensión del ambiente pareció ceder ligeramente en favor de la atronadora ovación que premiaba la bella ejecución del saque … En el palco de honor, el General aplaudía , educadamente.

… El partido estaba siendo duro. Peloteando y con muchas- y preciosas-intervenciones de los delanteros. El calor del mediodía estival fungía implacable sobre la cancha mezclado con el olor de algunos puros, a pesar de no ser su hora tradicional. Los jugadores paraban con frecuencia para beber agua. Los rojos llevaban la iniciativa por ráfagas, pero los Azules no les dejaban distanciarse. La pelota de los rojos era más pesada. Ellos cambiaban de pelota con frecuencia mientras que los Azules seguían siempre con la misma. La pareja Azul era de Guipúzcoa y eran menos corpulentos que sus rivales que eran navarros.El delantero Azul era de Azpeitia y el zaguero irundarra. El delantero navarro era de Santesteban y el zaguero de Olazagutía . Este era el más joven de los cuatro –apenas veintitrés años- y tenía autentica planta de atleta, alto y fuerte a la vez que rápido. Como si la sombra de la sierra de Urbasa le hubiera inyectado vitalidad. Se desplazaba por la cancha con facilidad dinámica y mucha soltura. Sus elegantes posturas y alcanzadas `portentosas le iban ganando el apoyo del público. El gentío disfrutaba con la dura pelea que iba empapando de sudor las camisetas de los pelotaris. En el 16-15 de color Rojo, un enorme pelotazo, certero y de alta parábola, alcanzó el rebote haciendo inútil el esfuerzo del zaguero guipuzcoano para devolver el trallazo . El frontón se venía abajo con el respetable en pie ovacionando al zaguero de Olazagutía , sobre todo …

Luego empataron a 17

Cuando lo hicieron a 19 el Idealista bajó desde su silla al W.C.. En un bolsillo de su chaqueta de verano se podía adivinar la forma de un frasco. En cinco minutos regresó a su localidad.

Estando empatados a 20 – me precisaba el “Conspicuo” se produjo el trágico suceso: el intento de holocausto.

El Idealista saltó al vacío dando desgarrados vivas a Euskadi Libre, envuelto en una ikurriña, que despedía llamas de fuego, con fuerte olor a gasolina. Antes de que nadie pudiera reaccionar, el cuerpo del Idealista se estrellaba contra el suelo de la cancha frente al palco del dictador…

Hubo un segundo de pausa. Sin sonido. Luego, todo un maremagnun de tragedia: policías dando órdenes histéricas, gritos marciales, juramentos en amenazas de muerte a los vascos, invasión de uniformes por todo el frontón. Más de veinte pistolas rodearon el cuerpo del agónico Idealista y un bosque de metralletas apuntaban a las localidades altas dispuestas a masacrar cuando una voz ordenó enérgica por la megafonía …

¡Que nadie dispare, atentado fallido, el Generalísimo está totalmente ileso…!

Cuentan que después el Dictador manifestó a los periodistas que aquello eran gajes de la política.

En cuanto terminara el partido-que por cierto ganaron los navarros 22-20- se iría al Azor. Su yate. A pescar …

El Idealista se curó. Sólo le quedó una secuela de ligera cojera en su pierna derecha. El General ya se murió y creo que el Azor fue desguazado.

Mi amigo el “Conspicuo” me dijo que si alguna vez contaba este suceso en mis “rollos” literarios que subrayara que todo fue totalmente verídico y que otros aficionados a la pelota también pudieron presenciar el suceso.

Y tal como me lo contó el relato verídico del “Conspicuo “, lo cuento.