Mi amigo el “Conspicuo” me lo contó. Desde su versión personal y directa. Lo vio todo. In situ.
¡ Lo vi con mis propios ojos …!
decía , porque aquella mañana – o mejor dicho mediodía , estaba yo viendo los
partidos en el frontón de Donosti .
Mi amigo el “Conspicuo “ es esa
persona que todos los pelotazales conocemos y que va al frontón a disfrutar con
la Pelota . Con mayúscula: como a él le gusta. Y también con la apuesta, con el
dinero en riesgo.
A veces expone mucho y otras
menos, pero siempre cifras de cierta consideración . Yo no sabría distinguir si
disfruta más apostando en el juego o viendo jugar con respecto a su postura.
Como si pudiera escindirse la emoción que aúna la calidad del partido con el
momio solicitado. Me atrevo a decir que el “Conspicuo” es un artista facial en
el dominio de sus reacciones . Siempre impertérrito el gesto. Tanto a la hora
de cobrar como de pagar al corredor. Siempre me han causado admiración estas
personas que tratan el dinero con absoluta indiferencia, aunque “ la procesión
va por dentro “, o quizás ni eso. Nunca me atreveré a profanar esa faceta
recóndita de mi amigo.
El “Conspicuo” es un hombre
maduro educado y tranquilo; en su sitio; hacia la mitad de la cancha; siempre.
Nunca increpa ni recrimina al pelotari. Solo aplaude cuando alguna fase del
juego le entusiasma. Suele fumarse un puro. Solamente uno, tanto si va a ver
remonte como pala o mano. Preferentemente Farias aunque las finales gusta de
solemnizarlas con un buen Montecristo de los que le envía desde Cuba un amigo
suyo – muy allegado- que también viene por Euskadi tres o cuatro veces al año.
Por eso se les ve juntos por el frontón en tales ocasiones. Forman pareja
curiosa por que el “Conspicuo” es alto, fuerte-hizo grecorromana cuando
estudiaba en Barcelona – de porte reposado y serio. Su “compadre” es pequeño,
moreno y vivaracho de gestos y pelo muy canoso. Pura cubanía : jovial y
campechano . Siempre compartiendo comentarios y chistes picantes con todo el
mundo. ¡pura diversión de mi amigo. No hacemos daño a nadie!. Suele repetir
enseñando sus blancos dientes al reírse.
Cuando sucedió lo que yo llamo
holocausto-me contaba el “Conspicuo”-mi amigo Jenaro estaba en Cuba. Era una
mañana luminosa de Agosto y el frontón Anoeta todavía no estaba pintado de
verde, pero todo estaba totalmente acicalado y limpio-sobre todo el blanco
impoluto de la cancha-para recibir la visita oficial del Dictador. Esta sería
en Domingo y el General llegaría-por motivos de seguridad-en el momento menos
pensado a lo largo de los dos partidos de mano por parejas que se iban a
disputar…..
Unos días antes.
Maritxu la veterana taquillera –y
oficinista-del Anoeta descolgaba el teléfono
¡Dígame!
Preguntaban por Aramburu el
gerente del frontón. La voz del otro lado del hilo sonaba seca y autoritaria,
con el tono de quien está acostumbrado a mandar. Cuando Aramburu cogió su
interlocutor se presentó como jefe de la Dirección de Seguridad . Le dieron
orden para atender una cita con el objeto de crear el sistema de protección
para la persona de su Excelencia. ¡ Ponga usted todos los medios para no faltar
a nuestra entrevista¡. ¡Se podrían adoptar en caso contrario las pertinentes
medidas disciplinarias .. ¡ Buenos días ¡. Y colgaron rápidamente.
Aramburu ya conocía cómo se las
gastaba aquella gente. Tenía a su hermano-más joven-metido en política,
purgando en la prisión de Martutene una condena por “traición a la patria”, ya
que lo habían detenido en una reunión ilegal y hablando euskera. ¡ la madre que
los parió ! pensó Aramburu para su capote. ¡ que no puedas hablar tu idioma en
tu propia casa…tiene cojones ..!
Luego se puso en contacto, por
teléfono, con el jefe de la Policía Municipal para coordinar algunos detalles
sobre los aparcamientos.
Una semana antes de la final.
Los ocho pelotaris que componían
el cartel del Domingo habían recibido una citación personal de la D.G.S. para
personarse en un local que para estas actividades tiene el estado y situado en
las dependencias del Gobierno Civil del barrio de Amara. A este propósito hay
un amplio bar con cómodas sillas y mesas dentro del mismo edificio. En el
“amable” texto de la citación se les “invitaba” a una reunión, que sería
precedida por un elegido lunch, tras el cual habría un “distendido” coloquio ,
con algún representante de los aparatos de Seguridad del Estado. Por supuesto
–añadía la carta- que no había ninguna duda con respecto al patriotismo “de Vds
los pelotaris vascos”, pero las directrices del gobierno de S.E. eran muy
estrictas en estas ocasiones y no había otra “ alternativa “ más que la de
ajustarse al trámite legal. La misiva se despedía pidiendo corteses- aunque
cortantes- excusas por las molestias , pero la oportunidad que tenían de rendir
este servicio a la patria y a Su Excelencia el Generalísimo compensaba
sobradamente cualquier contrariedad …
Cuando acabó de redactar el
contenido del mensaje el jefe de la correspondencia oficial miró a su ayudante
con su negro bigotillo recortado bajo sus oscuras gafas fascistas
¡ ya les van a doler las tripas a
estos cabrones de vascos cuando lean este mandato… ya !
Y soltaron a la vez una
estruendosa carcajada… **** ***** ****
Cuando escribiendo estas líneas
el Idealista todavía vivía. Andaría rondando los ochenta y a pesar de todas las
vicisitudes , lesiones y descalabros físicos pasados, aún conserva una
ostensible salud y robustez corporal envidiables. Todo ello se traduce en sus
andares y gestos vivos enérgicos y vitales. De este donaire pasea por las
calles donostiarras. Antes del suceso que protagonizó en esta historia, ya
había generado otra subiéndose a la torre de una alta iglesia para colocar en
la aguja de su aguda cumbre una Ikurriña perseguida y prohibida por aquella
época. En plena dictadura franquista. Para el día de la final había comprado
una localidad estratégicamente situada para sus planes.
Y llegó el Domingo del relato del
“Conspicuo”…
El día de la Final. En la mañana
brillante, de Agosto, por la cubierta transparente y por los amplios ventanales
del frontón, mas que entrar, bañaba el ambiente una radiante luminosidad.
Coincidió el final del primer partido con las doce y el comienzo del Angelus.
Siempre lo rezaba D. Fermín, el párroco de San Telmo con su grave voz de
barítono coralista en activo, en el propio orfeón de San Telmo. Hizo ponerse de
pie al abarrotado aforo al tiempo que todo el mundo se quitaba la txapela.
¡¡ Angelus Domini nucciavit Maria
¡¡
Y la respuesta a la jaculatoria
sagrada recorrió en un murmullo respetuoso-tímido-el hábitat del recinto
paralizando con un impass silencioso-plagado de transcendencia –la reciente
algarabía hecha de voces, gritos, silbidos, aplausos y el recio acento, tenso,
de los corredores. Por unos fugaces momentos el rezo ancestral pareció parar el
tiempo con el reposado y silente influjo de la oración.
Luego estalló de nuevo la
barahúnda, al salir los cuatro finalistas a la cancha. Al lanzar Joshe Mari, el
juez central, la moneda para el saque, los corredores de apuestas tuvieron que
retirarse . La D.G.S. había hecho adoptar esta medida como una precaución para
que las bolas de los momios no fueran usadas como proyectil subversivo. El
capitán de la policía secreta contemplaba- desde su localidad disimulada-el
estricto cumplimiento de aquella orden, con la cara sería y crispada.
Tocó el saque a los rojos.
Cuando Ansoategi III iba a
iniciar la carrerilla el juez central levantó su brazo derecho mandándole
parar. Un revuelo en el frontón , seguido de unas voces autoritarias , a través
de los altavoces, anunciaba la llegada del Dictador . El público tuvo que
ponerse de pie para escuchar el himno nacional al tiempo que algunos tímidos y
dispersos aplausos intentaban realzar la solemnidad del momento.
A las 12,15 se reanudaba la
final.
Ansoategi III volvió a iniciar la
carrerilla y su saque ajustado a la pared izquierda, cruzado, violento y muy
arrimado marcó el uno a cero para los colorados. La tensión del ambiente
pareció ceder ligeramente en favor de la atronadora ovación que premiaba la
bella ejecución del saque … En el palco de honor, el General aplaudía ,
educadamente.
… El partido estaba siendo duro.
Peloteando y con muchas- y preciosas-intervenciones de los delanteros. El calor
del mediodía estival fungía implacable sobre la cancha mezclado con el olor de
algunos puros, a pesar de no ser su hora tradicional. Los jugadores paraban con
frecuencia para beber agua. Los rojos llevaban la iniciativa por ráfagas, pero
los Azules no les dejaban distanciarse. La pelota de los rojos era más pesada.
Ellos cambiaban de pelota con frecuencia mientras que los Azules seguían siempre
con la misma. La pareja Azul era de Guipúzcoa y eran menos corpulentos que sus
rivales que eran navarros.El delantero Azul era de Azpeitia y el zaguero
irundarra. El delantero navarro era de Santesteban y el zaguero de Olazagutía .
Este era el más joven de los cuatro –apenas veintitrés años- y tenía autentica
planta de atleta, alto y fuerte a la vez que rápido. Como si la sombra de la
sierra de Urbasa le hubiera inyectado vitalidad. Se desplazaba por la cancha
con facilidad dinámica y mucha soltura. Sus elegantes posturas y alcanzadas
`portentosas le iban ganando el apoyo del público. El gentío disfrutaba con la
dura pelea que iba empapando de sudor las camisetas de los pelotaris. En el
16-15 de color Rojo, un enorme pelotazo, certero y de alta parábola, alcanzó el
rebote haciendo inútil el esfuerzo del zaguero guipuzcoano para devolver el
trallazo . El frontón se venía abajo con el respetable en pie ovacionando al
zaguero de Olazagutía , sobre todo …
Luego empataron a 17
Cuando lo hicieron a 19 el
Idealista bajó desde su silla al W.C.. En un bolsillo de su chaqueta de verano
se podía adivinar la forma de un frasco. En cinco minutos regresó a su
localidad.
Estando empatados a 20 – me
precisaba el “Conspicuo” se produjo el trágico suceso: el intento de
holocausto.
El Idealista saltó al vacío dando
desgarrados vivas a Euskadi Libre, envuelto en una ikurriña, que despedía
llamas de fuego, con fuerte olor a gasolina. Antes de que nadie pudiera
reaccionar, el cuerpo del Idealista se estrellaba contra el suelo de la cancha
frente al palco del dictador…
Hubo un segundo de pausa. Sin
sonido. Luego, todo un maremagnun de tragedia: policías dando órdenes
histéricas, gritos marciales, juramentos en amenazas de muerte a los vascos,
invasión de uniformes por todo el frontón. Más de veinte pistolas rodearon el
cuerpo del agónico Idealista y un bosque de metralletas apuntaban a las
localidades altas dispuestas a masacrar cuando una voz ordenó enérgica por la
megafonía …
¡Que nadie dispare, atentado
fallido, el Generalísimo está totalmente ileso…!
Cuentan que después el Dictador
manifestó a los periodistas que aquello eran gajes de la política.
En cuanto terminara el
partido-que por cierto ganaron los navarros 22-20- se iría al Azor. Su yate. A
pescar …
El Idealista se curó. Sólo le
quedó una secuela de ligera cojera en su pierna derecha. El General ya se murió
y creo que el Azor fue desguazado.
Mi amigo el “Conspicuo” me dijo
que si alguna vez contaba este suceso en mis “rollos” literarios que subrayara
que todo fue totalmente verídico y que otros aficionados a la pelota también
pudieron presenciar el suceso.
Y tal como me lo contó el relato
verídico del “Conspicuo “, lo cuento.