Todavía no sé qué te ha traído
la barca de tu tarde de azucenas,
me has dejado huérfano y desvalido
en este valle de lágrimas macarenas.
Soledad de la voz y del momento,
soledad que nunca nadie consuela,
el ayer se borró como una estela
escrita sobre el agua en movimiento.
Eras hija del campo castellano,
hace unos años que conociste el mar,
aquí no se vive como en el llano,
te fuiste apenada sin saber nadar.
Deja que sea a tu vera
como una sombra ligera,
una sombra que tuviera
fragancia de primavera.
Iremos por los campos de la mano,
a través de los bosques y los trigos,
entre rebaños cándidos y amigos,
sobre la verde placidez del llano.
Se apoya en ti mi dolorida vida,
y en la de padre, sufrido hombre noble,
como se apoya sobre el casto roble
la dulce enredadera entristecida.
Seguiré viviendo en ti, en mis venas,
buena madre de hondos sentimientos,
me has legado tan hermosos momentos
que a un lado no puedo dejar las penas.
Corazón roto de sueño ligero,
hazte a la mar con el sol marinero,
toma este ramo, dáselo al barquero
que lo ponga en la proa del velero.
Navegad con la barca iluminada,
por el mar del amor y su corriente,
en silencio al pasar, no indiferente,
y la vela amarilla al viento izada.
¡Oh mar!... En tu colchón quiere extenderse
y, despierta, soñar mirando al cielo,
echarse en tu luz, a pleno vuelo,
y en tu azul navegar hasta perderse.